
Mijaíl Bajtín
I. LA NOVELA POLIFÓNICA DE DOSTOIEVSKI Y SU PRESENTACIÓN EN LA CRÍTICA
Cuando un empieza a estudiar la abundante literatura crítica acerca de Dostoievski, da la impresión de que se trata no de un autor que escribió novelas y cuentos, sino de autores y pensadores varios que plantean un conjunto de exposiciones filosóficas: Raskólnikov, Myshkin, Stavroguin, Iván Karamázov, el Gran Inquisidor, etc. Para el pensamiento crítico, la obra de Dostoievski se ha fragmentado en un conjunto de construcciones filosóficas independientes y mutuamente contradictorias, defendidas por sus héroes. Entre ellas, los puntos de vista filosóficos del mismo autor están lejos de ocupar el primer lugar. Para unos investigadores, la voz de Dostoievski se funde con las voces de algunos de sus héroes, para otros, representa una síntesis específica de todas esas voces ideológicas y, finalmente, para terceros, su voz se pierde entre las últimas. Con los héroes se polemiza, se aprende, se intenta desarrollar sus puntos de vista hasta formar un sistema acabado. El héroe posee una autoridad ideológica y es independiente, se percibe como autor de una concepción ideológica propia y no como objeto de la visión artística de Dostoievski. Para la conciencia de los críticos, el significado directo y válido en sí mismo de las palabras del héroe rompe el plano monológico de la novela y provoca una respuesta inmediata, como si el héroe no fuese objeto del discurso del autor sino el portador autónomo de su propia palabra.
B.M Engelgardt señalaba justamente esta particularidad de los estudios acerca de Dostoievski. “Analizando la crítica literaria rusa sobre las obras de Dostoievski –observa–, es fácil notar que, con pocas excepciones, no supera el nivel espiritual de sus héroes favoritos. No es la crítica la que domina el material que tiene un frente, sino que es el material el que la domina totalmente. Los críticos siguen aprendiendo de Iván Karamázov y Raskólnikov, de Stravróguin y del Gran Inquisidor, perdidos en las contradicciones en que se perdían los personajes, enfrentándose desconcertados a los problemas que no pudieron solucionar estos y reverenciándose frente a sus vivencias complejas y tormentosas.
J. Meier-Gräfe hace una observación análoga: “¿Acaso a alguien se le ocurrió la idea de participar en una de las numerosas conversaciones de la Education sentimentale? Sin embargo, solemos discutir con Raskólnikov, y no sólo con él, sino con cualquier personaje.”
Esta particularidad de los estudios críticos sobre Dostoievski no puede ser explicada tan sólo por la ineptitud metodológica del pensamiento crítico, ni analizada como en total contradicción con la voluntad artística del autor. No; esta actitud de la crítica, así como la percepción no prejuiciada de los lectores que siempre discuten con los héroes de Dostoievski, responde efectivamente al principal rasgo estructural de las obras de este autor. Dostoievski, al igual que el Prometeo de Goethe, no crea esclavos carentes de voz propia (como lo hace Zeus), sino personas libres, capaces de enfrentarse a su creador, de no estar de acuerdo con él y hasta de oponérsele.
La pluralidad de voces y conciencias independientes e inconfundibles, la auténtica polifonía de voces autónomas, viene a ser, en efecto, la característica principal de las novelas de Dostoievski. En sus obras no se desenvuelve la pluralidad de caracteres y de destinos dentro de un único mundo objetivo a la luz de la unitaria conciencia del autor, sino que se combina precisamente la pluralidad de conciencia con sus mundos correspondientes, formando la unidad de un determinado acontecimiento y conservando su carácter inconfundible. Los héroes principales de Dostoievski, efectivamente, son, según la misma intención artística del autor, no sólo objetos de su discurso, sino sujetos de dicho discurso con significado directo. Por eso la palabra del héroe no se agota en absoluto por su función caracterológica y pragmático-argumental común, aunque tampoco representa la expresión de la propia posición ideológica del autor (como, por ejemplo, en Byron). La conciencia del héroe aparece como otra, como una conciencia ajena, pero al mismo tiempo tampoco se vuelve objetual, no se cierra, no viene a ser simple objeto de la del autor. En ese sentido, en Dostoievski la imagen del héroe no es la imagen objetual normal de la novela tradicional.
Dostoievski es creador de la novela polifónica. Llegó a formar un género novelesco fundamentalmente nuevo. Es por eso que su obra no llega a caber en ningún marco, no se somete a ninguno de los esquemas histórico-literarios de los que acostumbramos aplicar a los fenómenos de la novela europea. En sus obras aparece un héroe cuya voz está formada de la misma manera como se constituye la del autor en una novela de tipo común. El discurso del héroe acerca del mundo y de sí mismo es autónomo como el discurso normal del autor, no aparece sometido a su imagen objetivada como una de sus características, pero tampoco es portavoz del autor, tiene una excepcional independencia en la estructura de la obra, parece sonar al lado del autor y combina de una manera especial con éste y con las voces igualmente independientes de otros héroes.
De allí que se diga que los vínculos pragmático-argumentales comunes, de tipo objetual o psicológico, no sean suficientes en el mundo de Dostoievski., puesto que presuponen un carácter objetual de los héroes de intensión del autor: son vínculos que relacionan y combinan las imágenes acabadas de los hombres en una unidad del mundo percibido y comprendido monológicamente, y no la pluralidad de conciencias autónomas con sus visiones del mundo. El pragmatismo argumental habitual tiene un papel segundario en las obras de Dostoievski y tiene funciones específicas. Los últimos nexos que crean la unidad de su mundo novelesco son de tipo singular; el acontecimiento principal presentado por sus novelas no se somete a la interpretación pragmático-argumental acostumbrada.
Luego, la misma intención del relato –no importa si éste se da por medio del autor, del narrador o de uno de los personajes–, ha de ser totalmente distinta de la de novelas de tipo monológico. La posición desde la cual se desarrolla el relato, se constituye la representación o se ofrece la información, habría que orientarse de una manera novedosa, no con respecto a un mundo de objetos sino a este nuevo mundo de sujetos autónomos. El discurso hablado e informativo habría que elaborar una nueva actitud hacia su objeto.
De este modo, todos los elementos de la estructura novelesca de Dostoievski son profundamente singulares, todos ellos determinan por una nueva tarea artística que sólo Dostoievski supo plantear y solucionar en toda su amplitud y profundidad: la tarea de formar un mundo polifónico y de destruir las formas establecidas de la novela europea, en su mayoría monológica (homófona).
Desde el punto de vista de una visión consecuentemente monológica y de la correspondiente compresión del mundo representado y del canon monológico de la estructura novelesca, el mundo de Dostoievski puede parecer caótico y la estructura de sus novelas un conglomerado de materiales heterogéneos y de principios incompartibles. Y sólo a la luz de la finalidad artística principal de Dostoievski puede ser comprendido el carácter profundamente orgánico, lógico e íntegro de su poética.
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